Paco, eres la leche....
Yo estoy acabando tu libro. No lo he leído antes porque he estado
de acá para allá. Estaba esperando a terminarlo para escribirte, pero no puedo
por menos de adelantarte que tienes absolutamente toda la razón en todo lo que
dices. En concreto y como mujer, suscribo todo lo que dices de las mujeres cosa
que te digo con especial interés porque seguro que más de una y más de dos te
han dicho de forma absolutamente convincente que estás muy equivocado, y yo
creo que lo mínimo con lo que se puede corresponder a la lucidez es con
sinceridad.
Considero prácticamente imposible que tanto esta sociedad como los
individuos que la componemos (empezando por mí misma) estemos a la altura del
comportamiento que tan acertadamente propones en el libro; no sé si la cosa
pasa por retornar a la Edad de la Inocencia, que otros llaman de Oro, o
llegar hasta el final de nuestro destino para, después de tocar fondo, para lo
que creo que no nos queda mucho, entrar en la segunda Edad de la Inocencia
que es esa que se rescata después de vivir la experiencia de su pérdida y que
ya nunca vuelven a quitarte. En todo caso, estoy segura de que gracias a las
personas como tú las cosas irán cambiando paulatinamente hasta conformar una
nueva manera de relacionarse en todos los aspectos y por supuesto en el sexual,
que para mí no es más que un índice o síntoma de cómo estamos por dentro.
En algunas corrientes de pensamiento como el yoga, que estudio y
practico, se dice que el primer paso hacia el cambio es el reconocimiento y la
aceptación de lo que somos en el momento presente; una aceptación que no es
resignación ni inmovilismo, sino carencia de todo juicio y toda culpabilidad.
Sólo a partir de ahí, sin necesidad de esos grandes esfuerzos a los que
los occidentales somos tan adictos, nos iremos desbloqueando y se irán desencadenando
una serie de pautas que nos llevarán al cambio, o, por decirlo de otra manera,
a otro contexto. Claro está que la gente del yoga mide el tiempo por eones y le
importa bastante poco el fruto inmediato de sus actos. No sé si eso casa
con la forma de pensar de un comunista, pero en todo caso te quiero agradecer,
en mi nombre y como parte de la humanidad, tu aportación a que nos conozcamos
un poco más y a que, gracias a la forma amena, humorística y honrada de
plantear las cosas, podamos asimilar sin demasiado rechazo ni demasiada
vergüenza dónde estamos y dónde queremos llegar a estar.





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